Jaca como NO-LUGAR

A lo largo de estos cuadros, el artista nos invita a recorrer un contacto y diálogo cultural hondamente definido por el tránsito que oscila entre el desconocimiento y la urgencia, en busca de la comprensión, la integración y la implicación. Si le acompañamos, podremos ser testigos de una pintura que trata de formar parte y con la que se pretenderá rastrear y diseccionar, en un recorrido casi antropológico, los diferentes códigos culturales y retos que supone la asunción del nuevo espacio.

En los primeros cuadros de esta serie encontramos diferentes representaciones, sobre todo, de bares de la ciudad de Jaca como La Tasca de Ana. En ellos, desde una mirada externa, el autor retrata a personajes con el rostro difuminado que consiguen la identificación del observador. Esta realidad cultural apela a la memoria y al sentimiento colectivo de la ciudad y, a la vez, presenta en escena uno de los principales espacios de vida social y encuentro ciudadano. A través de este ejercicio, el artista trata de descifrar las bases que guían una cultura de la que es espectador. Los bares le permiten entrar en contacto con las costumbres, las formas de hablar, la gestualidad, la manera, en definitiva, de construir el tejido y la vida comunitaria.

Su estética, centrada en un poderoso manejo de los colores primarios, muy vivos, atrae al observador hacia una espiral enérgica y sinestésica que traduce y captura la realidad y nos permite trasportarnos a momentos dinámicos, cargados de conversaciones, miradas, placer, alegría y complicidad.

Sus colores, marca indisociable de su pintura y de su origen, muestran una fuerza de resistencia frente a la gama cromática que caracteriza el paisaje de la que se ha llegado a denominar como la perla del Pirineo. En esencia, consigue humanizar unos espacios, ya de por si humanizados, representados en todo el esplendor que supone querer encontrarnos y compartir con los demás, nuestros otros.

Los últimos cuadros nos sitúan frente a una ecuación diferente. El que traduce y captura la realidad todavía no forma parte de ella, pero, quiera o no, está dentro de él, asumida en mayor o menor grado. Asunto que permite ya algún atisbo de comprensión y de juicio crítico y que augura un cambio hacia un espectador implicado. En esta última parte, Yako nos presenta el cuadro El único momento en que la plaza Biscós tuvo color, en el que un tiovivo llena de vida, color y risas, la central plaza de la ciudad pirenaica. En el cuadro El bar Miguel el autor siente el hueco que deja el cierre del mítico y popular centro social. Observamos, por tanto, como el artista empieza a ser cómplice del sentimiento de la población jaquesa. En tercer lugar, La Vermutería, espacio de reunión de diferentes artistas, músicos y diseñadores, entre otros, supone el espacio que hace frontera con el no-lugar. Este bar augura un nuevo horizonte de expectativas en una ciudad que ya se sabe va a permanecer en su camino personal y va a prefigurar su tiempo futuro.

David Bendicho Muniesa / Filólogo Hispánico
Zaragoza 2022